Los fusilamientos del 2 de mayo en la montaña del Príncipe Pío

Este año, cuando se cumple el bicentenario del inicio de la Guerra de la Independencia, hoy, 2 de mayo, el día después de que el pueblo de Madrid iniciara la sublevación contra las tropas francesas, no por el hecho, como ha dicho la historia, de que se llevaran a algunos miembros de la Familia Real, eso sólo fue la espoleta, sino por estar hartos de sufrir tanta chulería y humillaciones de sus tropas, que llegaron como “invitadas” y pasaron a ser de ocupación, hemos decidido darle a la efemérides otro enfoque:
la Historia de la Montaña donde fueron fusilados los primeros madrileños.

El levantamiento de los Madrileños del 1 de mayo de 1808, contra las tropas napoleónicas del general Murat, quien, para reprimirla envió a un batallón de Granaderos de la Guardia Imperial acompañados de piezas de artillería que cargaron contra la multitud, pese a que se saldó con numerosas bajas de ciudadanos y el apresamiento de otros muchos, no fue más que el principio, poco a poco se corrió la voz de que los odiados franceses habían disparado contra el pueblo y los madrileños se lanzaron a las calles armados con lo poco que tenían, sables, escopetas, navajas, trabucos, palos y al grito de “muerte a los franceses” dieron muerte a cuantos franceses encontraron.

Como dije, muchos madrileños murieron ese mismo día, otros fueron apresados y fusilados en la noche del 2 al 3 de mayo en la Montaña del Príncipe Pío, en concreto 43 hombres y mujeres que el fantástico Goya plasmó en el famoso cuadro que llamó “Los fusilamientos del 3 de mayo en la montaña del Príncipe Pío” sin querer, o queriendo, ¿Quién sabe? Convirtió la montaña en tumba de héroes.

Pero veamos un poco de historia de esta montaña.
Se trataba de una zona arenosa a las afueras de Madrid, situada junto a los muros que delimitaban la ciudad en la época de Felipe IV.
Esta finca, llamada la Dehesa de la Florida, pasó por bastantes manos desde sus inicios, entre 1613 y 1664 siete fueron sus dueños, cuatro pertenecientes a la nobleza, luego pasó a manos de un obispo, más tarde la Compañía de Jesús fue su propietaria, hasta que llegó a manos de Francisco Moura, conde de Luminares y descendiente del virrey de Portugal. Moura transformó la finca en una zona elegante, incluso construyó un palacio donde atesoró multitud de ricos tapices y pinturas de los mejores pintores de la época. Cuando murió en 1675 la propiedad la heredó su hija Leonor, para pasar después, a su hermana Juana, casada con el príncipe Pío de Saboya, de ahí el nombre con el que se denomina desde entonces al lugar.

En 1792, la familia vende la finca al Rey Carlos IV, reservándose ellos algunos edificios de la misma, en concreto varias casas de la plaza de los Afligidos (hoy Plaza de Cristino Martos) y la capilla de Nuestra señora de la Concepción, que por aquel entonces era llamada popularmente como Cara de Dios.
En 1799 el Arzobispado concede el permiso para que se cree un cementerio, dentro de la finca, sólo para los trabajadores, de entonces data la cruz, que aún se conserva, y el cementerio empezó a crecer.

La amplitud de la finca y su proximidad con la ciudad, hizo que en su interior creciese el tráfico ilegal de carne que no pagaban los correspondientes aranceles y la Casa Real decidió crear un servicio de vigilancia permanente compuesto por escopeteros reales, que en la época del 2 de mayo, eran 14, al mando del Duque de San Carlos, Mayordomo mayor del rey que los franceses convirtieron en enclave militar.

Entre 1792 y 1798 el arquitecto Felipe Fontana construye una ermita, San Antonio de la Florida, que Francisco de Goya decora con preciosos frescos.

El cementerio de la Florida pasa a depender de esta iglesia.

(Para poder garantizar la conservación de las pinturas, la Ermita fue declarada Monumento Nacional en 1905, y en 1928, se decide construir al lado, otra iglesia idéntica, donde oficiar el culto y reservar así la original como museo. Ya por entonces, esta capilla se convierte además en panteón, puesto que en 1919 se trasladan aquí sus restos, para reposar, que fueron traídos desde Burdeos, donde había muerto en 1828).

San Antonio de la Florida en la actualidad

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Volvamos al 2 de mayo de 1808.
En la noche del 2 de mayo, muchos miles de madrileños que habían sido encontrados luchando contra las tropas francesas, o simplemente que fueron pillados por las calles, fueron llevados a esa finca, La Florida como ya se le llamaba entonces, y fusilados. El oficial francés al mando, el duque de Berg ordenó que, como escarmiento, ni fueran enterrados los cadáveres ni se retirasen, quedando como aviso para el resto, no obstante, el día 12, con el pretexto de que había que continuar las obras en de una mina cubierta, fueron retirados del lugar.
Finalmente, la Junta Suprema de Gobierno permitió el traslado al cementerio y su inhumación.

Pese a la muerte de estos 43 ciudadanos anónimos que cayeron ese mismo día, la chispa no sólo no se apagó, sino que fue un revulsivo e inmediatamente España entera se levantó en armas.

A la famosa proclama de los alcaldes de Móstoles (por cierto, hace tan sólo unos pocos años que Móstoles firmó la paz con Francia) y digo alcaldes porque en realidad fueron dos: Andrés Torrejón (Alcalde por el Estado Noble) y Simón Hernández (Alcalde por el Estado General u Ordinario), el bando fue redactado por Juan Pérez Villamil y difundido por las localidades de la carretera de Extremadura. El bando, portado por Pedro Serrano, salió con destino a Badajoz, a donde llegó el 4 de mayo, donde el Comandante General de Extremadura lo reenvió con destino a Sevilla y Cádiz.

Remodelación de la zona y construcción del Cuartel de la Montaña.
En 1860, toda la zona fue urbanizada, construyendo entonces un enorme cuartel: De la Montaña de Ángel de las Pozas, además de los jardines anexos. El cuartel, con capacidad para albergar una guarnición de entre 2.600 y 3.000 soldados de infantería, ingenieros y un grupo de alumbrado (supongo que serían los antecesores de los modernos zapadores).

Cuartel de la Montaña, placa conmemorativa

Los paseos de Ferraz y Pintor Rosales, también nacen en esa época.
También se crea en la zona uno de los nudos de comunicaciones más importante de la ciudad: la estación del Norte, aunque casi siempre se la conoció como del Príncipe Pío.

Construida como terminal en Madrid de la línea General del Norte o Imperial (Madrid-Irún) pertenecía a la antigua Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España, nacida en 1858 para dar vida a la línea ferroviaria Madrid-Irún.
La nueva línea, cuyas pretensiones eran proporcionar carbón del norte para el naciente desarrollo industrial de la capital, además de alimentos frescos procedentes de allá.
La línea Imperial, como siempre se la conoció, uniría Madrid con Irún pasando por Ávila, Medina del Campo, Valladolid, Burgos, Miranda de Ebro, Vitoria y San Sebastián; con los años se convertiría en la eje de las comunicaciones ferroviarias con el norte de España.

A la hora de diseñar el trazado, la entrada en Madrid fue la más polémica, pues había que descender hasta el valle del río Manzanares, y eso obligó a que contara con una gran curva cerca de las poblaciones de Aravaca y Pozuelo de Alarcón (al oeste de Madrid), pero encontraron la imposibilidad de poder remontar el fuerte desnivel con el que la ciudad se asoma al río, por lo que los terrenos que quedaron para la construcción de la estación fueron demasiados pequeños, lo que haría imposible, como así sucedió, la posibilidad de ampliación en caso de necesidad.

La línea férrea comenzó a construirse en 1856, la estación en 1859.
El proyecto corrió a cargo de ingenieros franceses.
En 1876, se hizo una redistribución y una pequeña ampliación hasta que en 1928 se construyó un segundo edificio para viajeros.
En 1929 se conecta con el metro, cuando la línea 2 del Metro de Madrid conecta la estación de ferrocarril con la estación de metro de Isabel II.

Al acabar la Guerra Civil se observa que la estación está muy dañada. Tanto, que el Estado decide “rescatar” la red ferroviaria creando un ente público y estatal, RENFE, que desde entonces se encarga de la gestión de la red ferroviaria española. Y la verdad es que consigue rescatar la estación, durante muchos años la estación de Príncipe Pío, se convierte en la segunda terminal de la ciudad después de Atocha.

Pero todo acaba… el periodo de esplendor concluye con la construcción de la Estación de Chamartín, en 1967, que además está unida conectada con la de Atocha por un túnel, al norte de la ciudad que será la cabecera de la nueva líneas directa Madrid-Burgos.

Desde entonces, la estación tan sólo funciona para los trenes con destino a Galicia.
En 1990, todo el tráfico ferroviario desaparece y se transforma en un Intercambiador de transportes, puesto que confluyen varias líneas de Metro, autobuses y cercanías.

En la Actualidad ¡lástima! se ha convertido en un centro comercial con un teatro que un grupo de actores está reformando.

El cuartel de la Montaña en la Guerra Civil.
En 1936, el cuartel vuelve a ser protagonista de uno de los episodios más cruentos de la Guerra Civil en Madrid, puesto que allí se hicieron fuertes las tropas de los sublevados de la ciudad. El 19 de Julio, el General Fanjul, vestido de civil, entró y proclamó el estado de guerra, haciéndose fuerte con unos 1500 hombres, pero en vez de salir con sus tropas y tomar los puntos claves de la ciudad se quedó esperando que llegasen refuerzos desde las guarniciones de Campamento, Getafe y Cuatro Vientos, desde donde no llegaron puesto que en todos ellos la rebelión o no triunfó, o fue sofocada poco después.

Se da la circunstancia de que en cuartel se guardaban casi todos los cerrojos de fusiles, de las tropas leales, lo cual hizo inútiles los fusiles con que contaban las tropas en manos del gobierno.

Esa misma tarde, el cuartel fue rodeado por tropas leales al gobierno de la República, junto con guardias de Asalto, civiles y las milicias populares, eso sí, pobremente armadas. Al amanecer del día 20, se empieza el fuego de cañón contra el cuartel, las tropas sublevadas sólo resistieron unas horas, puesto que ya empezaba a haber diferencia entre los mismo sublevados y mientras unos se rendían, otros seguían disparando sobre a los asaltantes.
Finalmente la aviación hizo el resto, y el cuartel quedó prácticamente destruido. La pérdida de vidas humanas a manos de los enfurecidos asaltantes fue grande: entre 150 y 300 muertos. El teniente Moreno, de la Guardia de Asalto, que precedía a la enfurecida muchedumbre, logró sacar con vida al general Fanjul, y a varios oficiales que fueron llevados a prisión. Finalmente el 15 de agosto fueron juzgados por rebelión militar, y fueron fusilados ese mismo mes.

El edificio, había quedado muy dañado durante el asedio, y luego, a lo largo de los 3 años que duró el “no pasarán”, aquella zona fue de las más castigadas, y recibiría el impacto de muchos proyectiles de artillería debido a su cercanía con la línea de frente.
Cuando termina la Guerra es ya tan sólo un conjunto de ruinas irrecuperables, algunas de las cuales podían aún verse a principios de los años sesenta.

Años después, lo que quedaba fue derribado y en su suelo se creo un enorme parque, El parque del Oeste, donde aun se pueden ver perfectamente conservadas algunas casamatas, y hace pocos años encontraron un obús sin estallar.

Templo de Debod y Centro Comercial Pr�ncipe P�o

En 1968, se instaló allí el Templo de Debod, Esta construcción egipcia del siglo IV antes de Cristo fue regalada por el Gobierno egipcio a España en agradecimiento a la labor arqueológica española en “La Campaña de Nubia” para salvar numerosos templos faraónicos, sobre todo de la zona de Abu Simbel, en peligro por la construcción de la presa de Asuán.
Su núcleo más antiguo fue erigido bajo el rey egipcio Ptolomeo IV Filópator, y decorado posteriormente por el rey nubio Adikhalamani de Meroe hacia 200-180 AC, dedicado a Amón de Debod e Isis. Posee importantes añadidos de época ptolemaica y romano-imperial (del siglo I AC al II DC).

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