Todo lo que cabe en los bolsillos de Eva Weaver

Todo lo que cabe en los bolsillos nos cuenta una historia impactante y emotiva pero también de esperanza y superación en la que la trama  y la ambientación ideada por la autora logran transportarnos al gueto de Varsovia, el más grande de Europa, en el que a nuestro protagonista le tocó vivir cuando los nazis invadieron Polonia.

Mika, el protagonista, vive en Varsovia, tiene 15 años y es judío y una mañana su mundo de desmorona cuando las tropas nazis entran en su ciudad.

A partir de ahí todo irá a peor, es expulsado de su escuela y de su casa, ya que todos los judíos están obligados a vivir en el mismo barrio, sólo de judíos, en el que  pueden entrar pero no volver a salir: el gueto de Varsovia donde 400.000 judíos fueron hacinados.

Cuando su abuelo, Jacob, un hombre alto, inteligente que trabaja como profesor de matemáticas en la universidad de Varsovia, es asesinado a sangre fría por los nazis en plena calle, por defender a una muchacha dentro del gueto, le deja una herencia: su abrigo, un abrigo lleno de bolsillos escondidos con sorpresas en su interior y un mundo de marionetas que proporcionarán a Mika una vía de escape hacía una nueva vida.

“Sin el abrigo, nada habría sucedido como sucedió. Al principio fue tan sólo un testigo, un abrigo negro, de lana, con una fila de seis botones, pero al convertirse en un abrigo con bolsillos pasó a ser un cómplice”.

El principio de la novela nos sitúa en el año 2009 en Nueva York, Mika Hernsteyn y su nieto Daniel deciden ir juntos al museo, al llegar a una de las calles de la ciudad Mika observa un escaparate con un cartel que anuncia un teatro de marionetas y una obra: “El titiritero de Varsovia, Teatro de marionetas”, en el cartel se puede ver un abrigo con muchos bolsillos y de cada uno de ellos sale una marioneta con forma de animal. Mika, muy alterado, se siente indispuesto y toman la decisión de posponer la visita al museo y regresar a casa. En casa, el abuelo Mika decide que es hora de hablarle a su nieto de su pasado, especialmente de todo lo que le sucedió en el gueto, unos hechos de los que nunca ha querido no sólo hablar, tampoco compartir. 

Todo lo que cabe en los bolsillos se puede decir que está dividido en tres bloques.

En el primero seremos testigos de la historia de Mika y sus marionetas, que actúa ante los niños del gueto  para hacerles olvidar aunque sólo sea por momentos la miseria en la que viven.

En el segundo  bloque tenemos la historia de Max, el cabo alemán que obliga a Mika a actuar con sus marionetas para entretener a las tropas alemanas y que con la caída de Alemania es hecho prisionero por los rusos y enviado, con las marionetas de Mika  de las que se hace cargo, a un gulag de Siberia, donde sufre un largo cautiverio en penosas condiciones, pero las mismas marionetas que a Mika lograron aliviar el encierro, lograrán salvarle a él también al igual que lo hicieran con Mika, allí comprenderá todo el mal que generó. Eran Órdenes sí, pero esas ordenes generaron mucho sufrimiento y el fue instrumento que lo generó.

El tercer bloque es el epilogo final, en la actualidad, que no voy a contar por si alguien se decide a leerlo pero si os puedo decir que será la nieta de Max, a la muerte de su padre, la que heredará las marionetas y años después las llevará a Nueva York, donde se encontrarán con Mika en su lecho de muerte.

En Todo lo que cabe en los bolsillos se aborda el tema del holocausto judío, pero a diferencia de lo que sucede en la mayoría de las noveles, aquí se aborda desde la resistencia de Varsovia, una de las pocas que se encontraron los nazis en su sistemática maniobra de eliminación de los judíos, ya que Varsovia fue uno de los pocos lugares que se alzaron contra la deportación masiva a los campos de exterminio eso a pesar de que los judíos estaban muriendo en masa debido a las epidemias y al hambre. Hasta que finalmente el gueto fue reducido a escombros y cenizas por las SS alemanas.

Todas las noches veíamos los tristes carros de madera que atravesaban el gueto, de los que tiraban unos cuantos hombres que iban recogiendo los cadáveres y arrojándolos a los carros como si fueran sacos vacíos. Por el día los cuerpos quedaban tendidos en el sitio en que habían muerto, y los transeúntes que pasaban los esquivaban o saltaban por encima de ellos. Representaban simplemente otro obstáculo más, otra irritante característica de la vida en el gueto. ¿En qué nos habíamos convertido? 

Con una cuidada documentación y un estilo fresco la autora nos cuenta por boca de Mika primero y de Max después los horrores vividos  de una forma realista, pero sin caer en lo escabroso, tiene además una capacidad para reflejar  los sentimientos y las emociones de cada personaje, hasta el punto que llegamos a  identificarnos con ellos, odiemos con ellos, tengamos esperanza con ellos y  luchemos con ellos pero que también sintamos con ellos mucho dolor y mucha impotencia.

Cada vez que vea usted un abrigo corriente, piense en lo que podría esconder entre sus pliegues, qué recuerdos podrían encontrarse ocultos en sus bolsillos. A lo mejor le habla en susurros por la noche. Hay numerosas anécdotas cosidas en sus mangas e infinidad de tesoros cobijados en sus costuras.

Así finaliza la  historia de Mika, el tirititero y su abrigo heredado.

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