Seis millones de ciudadanos alemanes necesitan ayuda para subsistir

El domingo un diario de tirada nacional nos sorprendía (aunque en realidad no tanto puesto que ya lo sospechábamos) con una noticia llamativa: La cara oscura del milagro alemán. En ella contaban como en Alemania, el país que más aprieta para que otros las eliminen,  viven más de seis millones de ciudadanos alemanes, de los 82 millones que tenía a finales de 2010, que necesitaban cobrar ayudas sociales, el famoso Hartz IV, para subsistir.

Y es que pese a ser Alemania la locomotora europea y la nación de los milagros además de  erigirse en el gendarme europeo, también tiene sus esqueletos guardados en el armario, ocultos a la vista de los demás, eso sí.

El Hartz IV, o programa de ayudas sociales, y en eso sí hay que aplaudir a Alemania, es muy potente, aunque en ocasiones, como vigilante de que se cumplan las normas y condiciones logra invadir la intimidad de las personas, pero logra ayudar a todos esos ciudadanos que por diversos motivos no encuentran empleo y necesitan que el estado les garantice los servicios mínimos.

Naturalmente todas esas personas que cobran el llamado Hartz IV no figuran en las estadísticas como desempleadas (¿os suena eso de algo?) pese a suponer un gasto de 37.100 millones de euros para el Estado Alemán.

Según dicho diario, del Hartz IV, no olvidemos que se trata de una ayuda social, se benefician 4.5 millones de adultos y 1.7 millones de adolescentes y niños.

Bern Siggekow, pastor que fundó Arche, una institución benéfica que no recibe fondos públicos, y que se encarga de ayudar a los niños de hogares que carecen de recursos suficientes, dice:

Solo en Berlín se reparten más de 600 comidas gratis a los niños que viven en situación precaria y cuyos padres son receptores del famoso Hartz IV.
”El trabajo que realiza Arche ha dejado al desnudo una lacra social alemana: el desamparo que sufren cientos de miles de niños en este país, niños que están afectados por la pobreza material y emocional”

Arche cuenta con cinco centros en Berlín donde, además de repartir comida, ofrece a los niños ayuda escolar, actividades de ocio y compañía. El centro más grande está ubicado en Hellersdorf, uno de los barrios más conflictivos de Berlín Este, donde sobresalen los famosos Plattenbau, los feos edificios construidos con paneles prefabricados en la época del socialismo real que imperó en la antigua República Democrática Alemana (RDA).

En este centro, que funciona en una vieja escuela también construida con paneles prefabricados, Arche ofrece cada día unas 200 comidas a los niños que están catalogados como pobres en la sociedad germana (los padres también pueden comer gratis) e intenta alejar de la calle, el alcohol y las drogas a unos 50 jóvenes que viven en la vecindad.

Según un trabajador de Arche, “El trabajo que realizamos para ayudar a los niños es peligroso para los políticos, porque hemos demostrado que la política no se interesa por este problema”.

Los receptores del Hartz IV  son considerados el último círculo de la sociedad alemana, condenados a envejecer a expensas de las ayudas sociales del Estado, (y los que trabajen en minijobs que no cotizan para la vejez igual, pero eso no será un problema hasta dentro de unos años, cuando se jubilen los que hoy malviven con ellos) pero el estado que empuja a los países del sur a bajar salarios, acortar subsidios y estrujar a los ciudadanos en general, si gasta miles de millones de euros en comprar la paz social y tapar las conciencias de sus ciudadanos en vez de ofrecer soluciones prácticas para integrar a los receptores de ayudas sociales en el mercado laboral y salir del circulo de la beneficencia.

Está claro que Alemania no ata los perros con longaniza, y que la señora Merkel es de las de “Haz lo que yo diga pero no lo que yo haga” y que el humo de la austeridad, austeridad que nos intentan vender, no funciona, y lo saben, ni en su propio país, y aunque los españoles, uno de los sucios PIGS, no somos nadie para darle lecciones de nada, si podemos sugerirle para que intente arreglar su casa antes que la de los demás, que aplique la receta que nos recomienda a los demás:

Bajadas de salarios de al menos un 10%.

Después de eso veremos si Alemania conserva la paz social y si Frau Merkel gana las próximas elecciones o le sucede como a su compatriota  Gerhard Schröder, bajo cuyo gobierno se puso en marcha el programa, Agenda 2010, de reformas de leyes concernientes al trabajo, la salud, las pensiones y la inmigración y que a él le costó la reelección y a ella la encumbró y recogiendo los resultados de aquello le ha dado la reelección.

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