Padre nuestro que estás en el sofá de Sergio Fernández (El Monaguillo) y Arturo González-Campos

Tras los éxitos de ¿Para qué sirve un cuñao? y ¡Viva la madre que me parió!, entre otros, La Parroquia o continúa con la saga familiar, centrándose esta vez en la figura del padre. Ilustrado con dibujos de Agustín Jiménez, el libro cuenta con mucho humor e ironía de qué manera influyen los padres en nuestras vidas, además de hacer un repaso a todas las tipologías de padres: el autoritario, el amigo, el cachondo, etc.

Hasta aquí la sinopsis oficial.

Estamos ante una novela, la tercera de La Parroquia o Sergio Fernández (El Monaguillo) y Arturo González-Campos, que tanto da, escrita de forma sencilla y totalmente actual, y absolutamente desternillante como todos los de esta pareja,que logran que nos partamos de risa con los temas más cotidianos.

En este caso las risas corren a cuenta del padre de familia, en las diversas tipologías de padres existentes, el batallitas, chapuzas, el deportista, el autoritario, el amigo, el cachondo, y como nos influyen en nuestras vidas, las de los hijos, y todo explicado con una fina ironía y humor, mucho humor.

Aunque es un regalo perfecto para los padres, yo que no lo soy, confieso que me he reído y con ganas, recordando al mío en alguna de las anécdotas que cuentan.

Algunas de las perlas que podemos encontrar en el libro:

Mi padre tiene el poder de decir «Harry Popper» y «Clin Isba» o de contestar «denekiu» cuando un guiri le dice thank you y quedarse tan ancho. 

O este extracto del padre deportista, con el que me partí de risa.

Lo que es más difícil es que le veas haciendo deporte de verdad. El padre es un teórico. Pero un día vais al campo con unos amigos y alguien, a media tarde, propone una pachanguita de solteros contra casados. La palabra «pachanguita» no puede ser más precisa para ver en lo que se convierte el noble deporte del fútbol cuando se juega en estas circunstancias.

Es muy importante que los casados sean los que se quedan con la camiseta puesta y los solteros los que jueguen sin ella, porque si se hace al revés, aquello más que solteros contra casados parece uno de Vengadores contra Trolls.

El partido no ha empezado y los casados ya se incorporan al campo con la cara roja de la sangría, y sudando por el cogote como cochinos, lo cual no impide que te juegues toda la quiniela a que van a ganar.

Al principio se ponen los dos equipos, cada uno en su campo, a pelotear y tú ves a tu padre, que el único peloteo que ha hecho hace años es invitar a un café al del taller para que le salte la cola en una urgencia, que cuando van a pitar el principio del partido ya lleva el bofe fuera y te echas a temblar.

Es fascinante observar aquí la actitud de las madres, muertas de risa por el ridículo que están haciendo sus maridos y sin preocuparse para nada de quién va ganando o perdiendo. De hecho, es algo que no preocupa a nadie, ganan los solteros y punto. 

O este otro cuando habla de los achaques.

Es verdad que cuesta mucho ver a tu padre malito, pero el día que eso pasa, el día que llega del trabajo con la carita blanca como el Joker y dice:

—Mari, tócame la frente que yo creo que tengo fiebre.

Ese día comienza una de las crisis peores de la familia. Porque el padre no sabe estar malo, es un mal malo. Por eso tarda tanto en caer. Y la que da los días que le dura la gripe hará desear a toda la familia que jamás vuelva a pasar.

Meter en la cama a un padre con gripe es casi imposible. Parece mentira, con lo que le gusta a él una cama, que justo cuando la necesita no la quiera, pero es porque ese es el amor verdadero, el de querer las cosas porque sí, no porque saques algo de ellas.  

El padre malito necesita a toda la gente de la casa a su alrededor. Da igual cuántos seáis en la familia, que para todos va a tener una misión. Tu padre desde la cama es como un comandante de las fuerzas especiales organizando un asalto a una casa llena de terroristas:

—Paco, tráeme agua. Mari, mírame a qué hora me tengo que tomar el Nolotil. Nuri, cámbiame las sábanas que estas hacen charco. Manolito, búscame algo en la tele que no sean cacatúas pegando gritos. T. J., al tejado…

Realmente es el único momento de su vida en la que el padre desearía haber tenido familia numerosa, porque se le quedan cortas las misiones que tiene que realizar con la gente que hay en casa. Se han dado casos de padres que han intentado adoptar a los Sabandeños por si se volvían a poner malos.

Aunque si es una gripe, todavía lo llevas bien. El problema es que tenga que ir a hacerse algunas pruebas al hospital. El día que ves a tu padre con esas batas que te ponen allí, que se cierran por detrás y te dejan el culo al aire… Ese día sabes por qué tu padre hace lo posible por no ponerse malo nunca. Ese día, el que se pone malo de verle el culo eres tú.

Cada capitulo del libro tiene una ilustración, un dibujo de Agustín Jiménez.

En resumen, un libro de apenas 200 paginas que se leen de un tirón y que recomiendo, como todos los de estos autores, para pasar un buen rato.

De Interés:
– La noche en que Frankenstein leyó el Quijote de Santiago Posteguillo.
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