El abuelo que saltó por la ventana y se largó, de Jonas Jonasson

Una historia súper divertida y disparatada, aunque contenga una cierta lógica, con un encantador abuelo por protagonista, llena de enredos y situaciones, digamos, peculiares, donde lo mejor de todo es la forma como lo cuenta.

Se trata de una historia que tiene algo que engancha, quizás el humor, la ironía o esa forma rocambolesca de enlazar los acontecimientos ocurridos a un hombre centenario.

La increíble historia comienza en 2005, en Suecia. Ese día Allan, nuestro protagonista, cumple 100 años, y en la residencia donde vive le han preparado una fiesta en su honor, falta un rato para que comience y Allan decide que aquello, está seguro que va a ser un latazo y tiene que largarse. Y para irse, no se le ocurre otra cosa más que descolgarse por la ventana, y se pone a caminar. Caminando,  Allan llega a la estación de autobuses, donde un tipo con mala pinta le pide que le vigile la maleta mientras va el lavabo. Allan no le dice que no, pero como solo desea salir pitando de allí, coge esa maleta y se larga en el primer autobús que llega. ¿Y qué había en la maleta? Dinero.

A partir de aquí comienza una historia muy repetida en la literatura: el bueno, aunque torpe, Allan, que comete, aunque involuntariamente, una pifia tras otra y que a lo largo de su camino se va encontrando con gente pintoresca, gente que se le va uniendo hasta formar el grupo más estrafalario que se pueda imaginar; un anciano centenario, un ladronzuelo septuagenario, un vendedor de salchichas, el jefe de la organización criminal más cutre que pueda existir, una mujer con sus mascotas, nada más y nada menos que un perro y… ¡un elefante!… y todo mientras los malos los van persiguiendo, la policía, también trata de encontrar al desaparecido.

Mientras, Allan, va recordando la historia de su vida, desde su humildad, su peculiar forma de ser y su pragmática ignorancia, veremos como acaba influyendo en hechos decisivos del siglo XX: desde la Guerra Civil en España hasta el desarrollo de la bomba atómica, pasando la instauración del comunismo en China, o la caída del muro.

Aunque el libro es muy divertido, el argumento no es demasiado original, me ha recordado mucho al genial Forrest Gump.

Por no hablar de las imprecisiones históricas, algunas de mucho calado, que contiene el relato de su vida, y que no se deben a licencias poéticas, por ejemplo cuando explica el procedimiento de ignición de la bomba de uranio y resulta que fue él el inventor del procedimiento para hacer detonar la bomba de uranio mediante la unión de dos masas subcríticas de uranio 235.

O cuando menciona el incidente del barco requisado; Allan, llega a Nueva York a principios de septiembre de 1939, y el gobierno USA el barco en que viajaba porque se había declarado la guerra en Europa. Se trata de un error, porqué los Estados Unidos mantenían por aquella época, buenas relaciones diplomáticas tanto con Alemania como con Inglaterra y Francia, relaciones que romperían con Alemania después de lo de Pearl Harbour. Por tanto no existen razones jurídicas para tal embargo.

Aun así, se lee fácil, es divertido por lo absurdo de las situaciones, aunque precisamente lo absurdo de las situaciones puede llegar a resultar pesado, aunque logre ponerte la sonrisa en los labios, algo muy gratificante en los tiempos que corren.

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